Seamos ambiciosos

_Para divertirnos._ Esta es la respuesta que la mayoría de nosotros damos cuando nos preguntan _ ¿Para que juegas a rol?_ Y parece que con esos nos conformamos. En divertirnos. Sin más. Y está bien, pero no siempre. Siempre no.
Nos hemos divertido mucho y nos vamos a divertir mucho más, pero las cosas se pueden hacer de muchas maneras y seguir divirtiéndonos.

Hablamos de rol y decimos que cada uno entendemos el rol de una forma distinta y que mientras la mesa de juego se divierta, poco importa en realidad. Hablamos de las reglas y cada uno las interpreta de una forma distinta ¡y eso está genial! pero debemos tener en cuenta que los cambios aplicados deben tener un sentido. Hablamos de la interpretación y la distinta aplicación de herramientas que podemos usar en juego, pero no todas se pueden utilizar siempre.

He llegado a la conclusión (opinión personal, por supuesto), que de forma genérica, los jugadores de rol somos poco ambiciosos. Jugamos sin otra intención que divertirnos, cuando podemos jugar a rol de muchas maneras y divertirnos igual. Pero en general, jugamos a rol de forma sencilla, usando lo que mejor nos funciona, sin salirnos de nuestra zona de confort, sin más intención que hacer lo de siempre en muchas ocasiones, con la gente de siempre.


Los niños que juegan a fútbol en la calle tambien se divierten, pero ellos tienen ambición. Esos niños quieren ser más rápidos, regatear mejor, correr más o aumentar sus reflejos para poder seguir jugando con sus amigos y divertirse. No les vale con ir al patio y hacer lo mejor que sepan, porque lo que saben hacer y hacen en juego afecta al equipo. Si ellos juegan mal, si ellos son lentos, si ellos no saben regatear, su equipo puede perder, y eso mina la confianza de sus amigos en ellos.
Un grupo de jugadores de rol tambien forman un equipo, y de igual forma, nosotros tambien deberíamos ser ambiciosos y querer mejorar en nuestra forma de jugar porque eso afecta al equipo.
No es cuestión de llamar a la policía del rol para decir si este o aquel juegan mal o peor que otros. No es eso. Lo de la policía de rol está bien como chiste, pero debemos ser conscientes que nuestro comportamiento, conocimiento de las reglas o forma de interpretar afecta al resto de la mesa de juego.
Jugando a rol no importa si sabemos regatear o no, pero si importa el conocimiento que tenemos de las reglas cuando la campaña con nuestros amigos dura más de un año. No importa lo veloces que somos, pero importa las ideas que aportamos en juego. No importan nuestros reflejos, pero si mostrar interés en que todos seamos partícipes del juego.

En el papel de directores de juego considero que es mucho más importante y donde la ambición debería ser mayor.
Hay directores de juego que llevan jugando a lo mismo durante 15 o 20 años. No solo con el mismo juego, que es lo de menos, sino de la misma forma.
Hay que saber usar las herramientas de la “profesión” adecuadamente para que, como capitanes del equipo que somos, el juego vaya bien. Si usamos miniaturas, saber aplicar las mecánicas adecuadas, valorar los combates o crearlos de forma que no se eternice y se pueda cubrir más parte de la aventura. Que aunque la estrategia sea lo más importante, no se pierda la emoción. No todo es sacar montones de minis chulas un tablero y tirar dados. La emoción de jugar no se debe perder.
Si jugamos sandbox, no todo consiste en dejar el peso del juego en los jugadores e improvisar e improvisar. Hay que hacer los deberes y construir el mundo a partir de lo jugado en las anteriores sesiones.
Si jugamos old school no todo consiste en desafiar al jugador hasta ver si su personaje vive o muere. Matar personajes es fácil, pero que nuestra descripción y forma de dirigir sea adecuada para que los jugadores obtengan la información necesaria para resolver las dificultades, puede ayudar a que esa historia termine.
Si jugamos campañas políticas o intrigas, no todo consiste en dar pistas secretas a los jugadores para que sus personajes puedan intrigar. Que el grupo, se mantenga y no se autodestruya es necesario para la diversión de todos, y no solo de unos pocos.


En todo lo anterior he puesto ejemplos de cosas que la gente puede hacer ya, pero que no va más allá. Es decir, de lo que nosotros mismos hacemos, pero no tratamos de mejorar porque no creemos que sea necesario, por qué con lo que nosotros hacemos de normal ya nos divertimos los “suficiente”, pero no intentamos saber si existen otras formas de juego con las que podamos divertirnos igual o más. Conseguir una satisfacción tal que complazca a nuestro ego interior.

En mi opinión, debemos salir de nuestra zona de confort y probar nuevas experiencias. Si normalmente ejercemos de DJ jugar como jugadores para recordar como es la perspectiva desde ese lado y considerar cosas que nos gustan y no nos gustan en la manera de dirigir nuestro director de juego. Si normalmente solemos tener el papel de jugadores, atrevernos a coger las riendas y dirigir alguna partida. La nueva experiencia puede hacernos entender algunas cosas.

Como jugadores usar diferentes clases de personaje, personalidades o crear desafíos personales puede ayudarnos a divertirnos más.
Como directores de juego, usar diferentes herramientas narrativas o tipos de juego puede abrirnos los ojos si descubrimos que hay otras formas de conseguir lo mismo, probar nuevos juegos y reglas, intentar hacer experimentar a los jugadores sensaciones que los mantenga en vilo y no solo desafiarlos a tirar dados hasta que uno u otro personaje caiga ante la falta de puntos de vida.

La mayoría de nosotros conoce o ha oído hablar de algún director de juego de esos cuyos jugadores alaban sus sesiones y campañas de juego tras años de haber terminado. ¿Qué es lo que esos directores de juego hicieron para ser tan recordados?
Otros hablan de ese grupo de jugadores tan bueno que tuvo y lograron terminar tal o cual aventura con interpretaciones geniales, risas o escenas épicas ¿Cómo se logró esa unidad para acabar la aventura o unir tanto al grupo?


Llevamos muchos años jugando a rol simplemente para pasarlo bien. Quizás sea hora de querer hacer algo más, y para ello debemos ser más ambiciosos.

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